¡Buenos días niñas y niños!
Hoy vamos a conocer a una amiga muy especial de San Luis María de Montfort llamada María Luisa.
María Luisa tenía una hermana que, cuando eran pequeñas, se puso muy malita y tenía que estar en la cama todo el tiempo. No podía jugar, ni levantarse sola, ni coger las cosas con las manos.
¿Y sabéis qué hacía María Luisa? Cada día iba a verla con mucho cariño. Le ayudaba a comer, le colocaba la almohada, le hacía compañía y trataba de hacerla sonreír. Mientras otros niños jugaban, ella cuidaba a su hermana con mucho amor. A veces cuidar a alguien cuesta un poquito… pero María Luisa lo hacía con alegría.
Y pasó algo muy bonito. Un día, después de rezar mucho a la Virgen María, su hermana empezó a encontrarse mejor. ¡Hasta pudo levantarse y caminar! Todos se pusieron muy contentos. María Luisa aprendió algo importante: cuando ayudamos, acompañamos y queremos a los demás, nuestro corazón se hace grande y bueno.
La Virgen María también nos cuida como una mamá del cielo y siempre nos acompaña. Vamos a pedirle hoy: “Virgen María, ayúdame a tener un corazón bueno y cariñoso.”

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