¡Buenos días!
Hoy observamos el cielo. De día se encuentra el sol, con una luz grande, fuerte y brillante. Y cuando llega la noche, aparece la luna, con una luz más suave y tranquila. Pero... ¿sabéis un secreto? ¡La luna no hace luz sola! Brilla porque recibe la luz del sol y nos la regala de nuevo durante la noche. ¡Qué sorpresa!
A nosotros también puede ocurrir algo parecido. Hay días que tenemos mucha luz: estamos contentos, tenemos ganas de jugar, ayudar y hacer reír a los demás. Pero otros días nuestra luz parece menor porque estamos tristes, cansados o algo nos preocupa. Y entonces la luz de otra persona puede ayudarnos a volver a brillar: un abrazo de la madre, una palabra bonita de la maestra, un amigo que nos da la mano... Y nosotros también podemos regalar nuestra luz cuando alguien la necesita. ¿Qué luz puedes compartir hoy?
Jesús, gracias por las personas que me ayudan a brillar.

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