¡Buenos días!
Hoy nos convertiremos en pequeñas serpientes. Las serpientes no hablan como nosotros… hacen un sonido muy especial: ssssssssss…
Nos sentamos bien en la silla, con la espalda apoyada en el respaldo y los pies tocando el suelo.
Ponemos las dos manos sobre la barriga. Primero, sólo la notamos. ¿Está quieta? ¿Se mueve un poco?
Ahora tomamos aire lentamente por la nariz. Mientras entra el aire, notamos cómo la barriga se hincha un poquito, como si fuera un pequeño globo.
¡Y ahora llega el momento de la serpiente!
Dejamos salir el aire muy despacio por la boca mientras hacemos:
Sssssssssssssssss…
Intentamos que nuestra serpiente haga un sonido largo y suave, sin correr y sin forzarnos.
Cuando ya no nos queda aire, paramos, volvemos a respirar tranquilamente por la nariz… y preparamos otra serpiente.
Podemos repetirlo tres veces.
La última vez intentamos hacer una serpiente muy tranquila: ssssssssss…, cada vez más flojito… hasta que llega el silencio.
Ahora nos quedamos unos segundos quietos.
¿Cómo está nuestro cuerpo? ¿Nuestra barriga está más tranquila?
Jesús, ayúdanos a respirar con calma y a guardar algo de paz en nuestro corazón.

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